RUTA 1 “La Córdoba prerromana / Ruta Alcázar Viejo”

 La Córdoba de hoy nace hace cinco mil años en lo que hoy conocemos como Colina de los Quemados, una terraza natural de pendientes acusadas en las inmediaciones de un río entonces navegable del que la ciudad toma el nombre, Corduba, ciudad del rio. Entre sierra y campiña, entre metal y campos de cultivo, un asentamiento constituido por reducidas aglomeraciones de cabañas de planta circular y una economía esencialmente agropecuaria y minera se convertirá en un auténtico centro urbano entre los siglos IX-VIII a.C. (Bronce Final). 

Su posición estratégica atraerá a otros pueblos del Mediterráneo, fenicios y griegos, que harán de Córdoba en el llamado periodo orientalizante, siglos VII-VI a.C., un enclave urbano bien organizado, posiblemente amurallado. 

 Durante los siglos V y IV a.C. la ahora Corduba turdetana situada en el extremo este de la Colina de los Quemados, frente a los dos vados del Guadalquivir (cerca del actual Puente de San Rafael). heredera del mítico Tartessos, es ya una importante ciudad que captó la atención de la que será la nueva civilización dominante: Roma.

RUTA 2 Roma y tardoantigüedad

La Corduba romana fue fundada a mediados del siglo II a.C. por el general Marcus Claudius Marcellus, tras un largo periodo de convivencia por parte de colonos y tropas con los habitantes de la vieja ciudad turdetana.

La administración romana divide Hispania en dos provincias la Ulterior Baética y la Citerior Tarraconensis, convirtiendo a Corduba en la capital de la Hispania Ulterior Baetica.

La nueva ciudad, con una muralla perimetral protegida por grandes torres, tendrá un trazado regular organizado en manzanas regidas por un decumanus (calle principal de trazado este-oeste) y un kardus (calle principal de trazado norte-sur) maximus en cuyo cruce se erige el primer foro con que contará la urbe.

Tras una dura etapa durante la guerra civil entre César y Pompeyo, la conversión de Roma en un Imperio dará un nuevo e importante papel a la ciudad. En el año 27 a.C., el emperador Augusto nombró a Corduba capital de la Bética, importante provincia romana en Hispania con el rango de Colonia Patricia. 

La ciudad crece hasta la ribera del río y nuevos equipamientos y monumentos, un nuevo foro, acueductos, cloacas, templos, teatro, anfiteatro, puente… harán de Córdoba una floreciente y admirada ciudad que vive además un renacer cultural de la mano de grandes pensadores como el filósofo Séneca o el poeta Lucano.

Siguiendo la tónica general del Bajo Imperio romano, Corduba inicia su declive en el siglo III. En el siglo V, una ciudad ya cristianizada, sufre las invasiones bárbaras que sacuden toda la Península Ibérica. Los visigodos se asientan en la Bética y la población hispanorromana de Córdoba pasa a depender de la capital visigoda, Toledo.

El final de la dominación visigoda, un periodo convulso de luchas por el poder terminará por favorecer la invasión y dominación musulmanas

 

Ruta 3: Etapa medieval islámica

En el año 711, las tropas bereberes del norte de África cruzaron el estrecho de Gibraltar y comienzan la invasión de la Península Ibérica. Corduba, conquistada en octubre del año 711 por Mugīt al-Rūmī, será elegida en el año 716 capital del nuevo territorio llamado al-Andalus, como provincia dependiente del Califato de Damasco. Tras el cambio de dinastía en Oriente, y la llegada al poder del huido ‘Abd al-Raḥmān I, el Emigrado, en el año 756, la ciudad de Córdoba se convertirá en sede del poder omeya. El nuevo emir da comienzo a un programa edilicio que marcó de forma decisiva la imagen urbana de la ahora Madinat Qurṭuba. En el año 786 comenzaron las obras de la Mezquita aljama.

La etapa de mayor esplendor de la Córdoba islámica comenzó en el año 929, cuando ‘Abd al-Raḥmān III se autoproclamó califa de al-Andalus y rompió por completo con los lazos que aún le unían a Oriente. La medina de estos momentos albergaba las sedes del poder político, civil y religioso de un Estado próspero que atrae a muchos nuevos habitantes, generándose a su alrededor un paisaje suburbano sin igual en todo el Mediterráneo occidental. El crecimiento extramuros de la ciudad en forma de grandes barrios llamados arrabales a norte, sur, este y oeste no cesa. Al oeste, surgen nuevos barrios al encuentro de la nueva ciudad palatina de Madīnat al-Zahrā’ fundada durante el reinado de ‘Abd al-Raḥmān III en las estribaciones de Sierra Morena, a unos 5 km de la muralla de Madīnat Qurṭuba; y al este, al-Šarquiyya, en torno a las originarias almunias creadas por las élites urbanas omeyas, como el arrabal de la almunia de al-Mug̲h̲īra al que pertenece la mezquita cuyo alminar se conserva hoy en la actual iglesia de San Lorenzo. 

Disputas entre facciones lleva a una guerra civil que dará fin al califato. Los arrabales orientales de Córdoba son dotados de un recinto amurallado con los Banū Ŷahwar —gobernantes de la ciudad durante la época de los Reinos de Taifas (1031-1070)—, con motivo de los virulentos saqueos bereberes que se suceden tras la abolición del califato, a lo que hay que unir el avance de las tropas cristianas, que en 1085 conquistan Toledo, dejando a Córdoba en primera línea de frontera. A diferencia de lo que sucedió con los arrabales occidentales, que fueron totalmente arrasados, la Axerquía sobrevive como núcleo urbano gracias al efectivo amurallamiento de su perímetro. 

A los reinos de taifas suceden los gobiernos bereberes almorávides y almohades que, pese a vivir momentos de recuperación política y económica, no lograrán frenar el avance de la conquista cristiana.

Ruta 4: Etapa medieval cristiana

Córdoba es conquistada por las tropas del rey cristiano Fernando III en junio de 1236. En esos momentos la ciudad estaba separada en dos zonas amuralladas y comunicadas entre sí por varias puertas y portillos: la Medina –que a partir de este momento será conocida como “La Villa”- y la Axerquía o Ajerquía.

La historia de Córdoba inició su etapa cristiana. Aunque la ciudad mantuvo su esencia árabe, los musulmanes fueron expulsados, la medina pasó a ser villa medieval y se construyeron numerosas iglesias, la Mezquita es consagrada al cristianismo, como otros antiguos centros de culto islámico de la ciudad y la ciudad en collaciones, algo que en la actualidad se puede asimilar a los distritos, un total de catorce (siete y siete). Cada collación estaría presidida por una parroquia (con su respectivo cementerio al lado), de la que toma el nombre, y se subdividiría a su vez en barrios. Además, se construirían varios hospitales, así como asilos para pobres, niños y enfermos. Y por otro lado, Fernando III agradecerá a los monjes que le habían seguido en sus campañas dotándoles de propiedades en las que fundar e instalar sus conventos, algo a lo que también contribuiría buena parte de la nobleza cordobesa y que continuaría pasado en siglos posteriores al XIII.

Los judíos quedan aislados en la judería (entre la Puerta de Almodóvar y la Mezquita) y los mudéjares serían, a finales del siglo XV, confinados en la actual calle Morería. 

En realidad, la construcción de estas iglesias no se inició hasta un reinado   posterior, el de su hijo Alfonso X, ya en las postrimerías del siglo XIII, una vez asentado el gobierno y adquiridos los medios necesarios para realizar las obras.

Ruta 5: Edad Moderna. Regina-Realejo

Aun cuando la Córdoba de la Edad Moderna cede protagonismo a las cercanas Sevilla y Cádiz, centros de atención política y económica tras el descubrimiento de América dos, Austrias y Borbones dejarán su impronta en la otrora ciudad califal. 

Bajo los Austrias, en los siglos XVI y XVII, se construyen la Puerta del Puente y la plaza de la Corredera, y la ciudad disfruta del protagonismo de Luis de Góngora en el llamado Siglo de Oro español. 

Con la llegada de los Borbones se edifican magníficos palacios, las iglesias se decoran con impresionantes retablos barrocos y se erigen muchos de los llamados Triunfos, monumentos dispersos por varias plazas en los que aparece el arcángel San Rafael, figura de gran devoción popular.

 

Ruta 6: Edad Actual. Santa Marina-San Agustín

 

La Córdoba actual, bimilenaria, recoge los frutos de largos siglos de historia en calles, plazas y plazoletas del casco histórico que dan nombre a un sinfín de personajes ilustres: pintores como Julio Romero de Torres; historiadores como Ambrosio de Morales; escultores como Mateo Inurria; poetas como Juan de Mena o Antonio Gala. E incluso el mundo de los Toreros.

 

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